Contáctanos
← Volver al blog

Vibe Coding: construir ya no es la parte difícil

Compartir:

Las herramientas de vibe coding están reduciendo drásticamente el tiempo necesario para construir software. Pero cuando una idea demuestra que funciona, aparecen desafíos que van mucho más allá del código. La IA está reduciendo el costo de construir; el costo de equivocarse sigue siendo exactamente el mismo.

Vibe Coding: construir ya no es la parte difícil

Herramientas como Cursor, Lovable, Bolt o Claude Code están cambiando la forma en que nacen muchos productos digitales. Lo que antes requería semanas de trabajo especializado hoy puede transformarse en una aplicación funcional en cuestión de horas.

Es fácil entender el entusiasmo. Por primera vez, la distancia entre una idea y una versión funcional se ha reducido de forma considerable. Equipos de negocio, emprendedores e incluso personas sin experiencia técnica están construyendo soluciones que hace pocos años habrían requerido una inversión importante para existir.

Sin embargo, gran parte de la conversación se ha concentrado en la velocidad de construcción. Y quizás esa no sea la pregunta más interesante.

La pregunta relevante aparece después: ¿qué ocurre cuando la idea funciona?

Porque el verdadero desafío rara vez es construir una primera versión. El desafío es convertirla en una herramienta capaz de sostener una operación real.

Cuando una plataforma comienza a incorporar usuarios, almacenar información relevante o integrarse a procesos de negocio, aparecen necesidades que normalmente no están presentes en un prototipo: seguridad, permisos, trazabilidad, estabilidad, integración con otros sistemas y capacidad de evolucionar sin convertirse en una carga para quienes la utilizan.

En Slash hemos estado observando este fenómeno de cerca durante los últimos meses. Muchas de las conversaciones que estamos teniendo ya no comienzan con una idea en una servilleta o una presentación de PowerPoint. Comienzan con algo funcionando. Un prototipo, una herramienta interna o una primera versión construida con IA que permitió validar una oportunidad, probar un proceso o resolver una necesidad puntual.

Eso es una buena noticia. Porque permite que las organizaciones lleguen más rápido a conversaciones basadas en evidencia y no solamente en supuestos.

Nada de esto es una crítica al vibe coding (metodología de desarrollo donde se crea un software dándole instrucciones a inteligencias artificiales). De hecho, creemos que su principal aporte es acelerar una etapa que históricamente era lenta y costosa. Permite validar hipótesis más rápido, probar ideas con usuarios reales y aprender antes de realizar inversiones mayores.

Pero existe una diferencia importante entre construir rápido y comprender bien el problema.

La IA puede generar código, interfaces y flujos de trabajo. Lo que no puede hacer es determinar si el problema que estamos resolviendo realmente vale la pena ser resuelto. Tampoco puede decidir qué funcionalidades generan valor, cuáles agregan complejidad innecesaria o cómo una solución impactará en la operación de una organización dentro de uno o dos años.    

Y ahí aparece una distinción que creemos importante. El vibe coding está reduciendo el costo de construir software, pero no necesariamente está reduciendo el costo de equivocarse.

De hecho, cuando desarrollar se vuelve más fácil, también se vuelve más fácil construir algo que nadie necesita, agregar funcionalidades que nadie utilizará o invertir tiempo en resolver problemas secundarios mientras el problema principal sigue intacto. La velocidad es valiosa, pero no reemplaza el criterio.  

Las primeras limitaciones suelen aparecer cuando el proyecto comienza a crecer. Lo que inicialmente funcionaba bien puede empezar a mostrar dificultades al integrar servicios externos, implementar modelos de permisos más complejos, responder a requisitos de seguridad o mantener una arquitectura consistente después de decenas de cambios. No son problemas exclusivos del software generado con IA, pero suelen aparecer más rápido cuando la velocidad de construcción supera el tiempo dedicado a tomar decisiones.

Por eso muchas veces el desafío deja de ser construir y pasa a ser evolucionar.

Es en ese momento cuando comienzan a aparecer preguntas distintas. Cómo asegurar la estabilidad de la plataforma. Cómo controlar costos futuros. Cómo integrar nuevos procesos. Cómo mantener la solución cuando el equipo crece. Cómo evitar que una buena idea termine limitada por decisiones tomadas demasiado rápido.

Son preguntas menos visibles que una demostración de producto. También suelen ser las que determinan si una iniciativa genera valor durante algunos meses o durante varios años.  

Desde nuestra experiencia, es precisamente ahí donde un partner tecnológico puede aportar más valor. No necesariamente construyendo la primera versión, sino ayudando a transformar una validación inicial en una plataforma preparada para crecer. Una que pueda acompañar los objetivos del negocio, adaptarse a nuevas necesidades y mantenerse sostenible en el tiempo. Esa es la diferencia entre tener algo funcionando y tener una solución sobre la que una organización puede construir su operación.  

Probablemente dentro de poco existan herramientas aún más rápidas y capaces que las actuales. La velocidad seguirá aumentando.

Lo que difícilmente cambiará es la necesidad de comprender qué problema estamos resolviendo, para quién lo estamos resolviendo y cómo sabremos que la solución está funcionando.  

Porque la IA está reduciendo el costo de construir software.

El costo de equivocarse sigue siendo exactamente el mismo.